La camiseta de la discordia


Imagino que como muchos, tengo la costumbre de encender el ordenador tan pronto como puedo para estar al tanto de las noticias del día. Varias son las pestañas de periódicos generalistas en mi navegador, pero siempre seguidas de otras sobre lo que más me gusta: moda. Espero encontrarme con algo interesante, pero resulta curioso cuando la gran noticia del día sobre este tema no llega por mis páginas habituales, sino por una dedicada a la Semana Santa. Cuál fue mi sorpresa al comprobar que en Young Republic, una web de moda global que acoge a jóvenes diseñadores, ha comercializado una camiseta con la imagen de la Virgen de la Salud de la Hermandad de San Gonzalo. Moda y religión. La polémica está servida.

El primer punto que debería analizarse es el hecho de que (¿obviamente?), la marca no ha pedido ningún tipo de permiso a la Hermandad para reproducir la imagen de la dolorosa en sus camisetas, beneficiándose económicamente de este modo "a costa" de San Gonzalo. Sin embargo, ¿es realmente posible y tiene sentido controlar las reproducciones de las imágenes de la Semana Santa? Efectivamente, el patrimonio, y la talla, pertenecen a la Hermandad, pero ¿acaso no se realizan miles de fotografías de ellas que después son enviadas a concursos en los que hay un premio económico? ¿Acaso no se graban y cuelgan en vídeos que reciben miles de visitas con beneficios en publicidad? Yendo más allá, San Gonzalo, al exponer (lógicamente) la talla, debe ser consciente de a lo que se expone, al hecho de que ya no es totalmente "suya". Porque, aunque sea en conversaciones informales, ¿cuántas veces hemos escuchado que las tallas que salen en Semana Santa son un patrimonio de valor incalculable de la ciudad? No dejan de formar parte del patrimonio artístico y cultural de Sevilla, por lo que un hipotético encierro para evitar estas situaciones sería totalmente ridículo, así como intentar prohibir las fotografías o vídeos que promueven su difusión y que pueden ser utilizadas con fines que la Hermandad no considere adecuados. No veo a nadie que haga las famosas estampitas para venderla a particulares o a quienes serigrafían o bordan escudos o al titular de una Hermandad pagándole a la misma derechos de imagen (derecho de imagen que, además, habría que matizar sobre manera y con la legislación en la mano).
Son numerosas las voces que se han alzado indignadas ante la venta de las camisetas. Y yo me pregunto por qué. La camiseta es sencilla, con un primer plano de la Virgen, sin ningún tipo de añadido. ¿Dónde está la ofensa? ¿En que la comercializa un joven diseñador y no la propia Hermandad en camisetas de algodón o llaveros, o en que puede ser una joven quien la lleve y no es exclusiva de los costales? Entiendo el alegato al desconocimiento y que eso no debe ser ninguna excusa, pero, por desgracia, en este mundo a menudo se usan símbolos e iconos sin saber a ciencia cierta lo que significan, aun cuando esa carga no es sólo sentimental, sino religiosa. No veo que nadie se ofendiese cuando en Dolce&Gabbana utilizó la iconografía bizantina para recalcar la tendencia barroca en su colección para el próximo otoño-invierno, al igual que nadie se queja al observar cómo chicas (y blogueras) pasean cruces en sus prendas hasta la saturación, incluso el símbolo de la mano de Fátima. 
Personalmente, prefiero quedarme con el hecho de que la Semana Santa de Sevilla traspasa fronteras hasta puntos insospechados y que, para bien o para mal, la belleza del acontecimiento y de las tallas (por algo habrá escogido la Virgen de la Salud y la Virgen de la Paz de la Hermandad de la Cena de Málaga, ¿no?) se reconoce.

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¡Hola! Soy María José, periodista que vive en Sevilla, community manager y mente inquieta loca por la moda que no para ni un segundo.


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