Conciencia bloguera


Hasta hace muy poco tiempo, nadie pensaba que en la ciudad de Sevilla la moda llamase tanto la atención, pero desde un año hasta aquí, los desfiles y eventos se suceden a una velocidad tremenda, llegando a haber hasta dos acontecimientos más o menos importantes en el mismo día. Y a ellos acuden una cantidad casi indecente de personas: amigos de los organizadores, amigos de los diseñadores, fotógrafos, amigos de modelos, estilistas, periodistas, algún político y blogueros. Todos juntos, en aparente amor y compañía.

Estos eventos se han convertido en auténticos acontecimientos sociales donde todos acuden por algún motivo. El más inocente pasa por ver los desfiles, disfrutar con ellos y con la  compañía de aquellos a quienes se les puede llamar amigos, que por suerte los hay. Pero, usado como buen escaparate, este tipo de eventos son una ocasión magnífica para ver, dejarse ver, hacerse conocido y convertirse en una gran persona de negocios. Allí, en teoría, son todos iguales, y es innegable que existe la posibilidad de acceder a personalidades que normalmente siempre están demasiado ocupadas para atender. Pero esto es todo en teoría, y se sigue apreciando el juego de poderes que existe fuera. Juegos que se pueden considerar absurdos hasta el extremo si nos damos cuenta de que, quienes lo integran, en la mayoría de las ocasiones son sólo personajillos venidos a más, con unos aires de superioridad que asustan y que se creen alguien por “ser amigo de”.
En ese ambiente donde se respira un tufillo de falsedad y un buen rastro de idealidad (sí, idealidad, eso de “aquí todos somos estupendos”) se mueven ahora los blogueros. Y, como una de ellos que también se mueve por allí, me da pena, mucha pena. Me da pena que, para hacernos valer, para que se reconozca que nuestro trabajo es importante y tiene mucho valor, haya que ir con aire de superioridad.
Por supuesto, esto no se da en todos y por suerte, puedo decir que cuento con grandes amigos en este mundo bloguero y de moda, que he entablado relaciones de negocios cordiales e incluso de amistad sincera. Ahí dentro también hay buenas personas. Pero para encontrarlos, hay que quitar mucha paja de en medio.
Los blogueros, en su origen más puro e ideal, eran personas que abrían ese espacio en la red para compartir sus gustos, ideas o dar consejos, estableciendo un círculo más o menos amplio de seguidores, que en muchos casos se consideran “amigos virtuales”. Pero el poder corrompe, y el verse incluidos en los círculos más selectos, en la élite de los eventos a los que antes no tenían acceso y a los que ahora son invitados por ser “bloggers” (que el término en inglés siempre queda mejor, por supuesto), hace que a más de uno y a más de dos (y si nos ponemos, de tres, de cuatro, de cinco…) se les vaya la cabeza y olviden con gran rapidez de dónde vienen, mirando casi con desprecio a aquellos que ahora se quedan en la puerta o a quienes tienen menos seguidores o visitas en sus bitácoras. Una guerra que se ha desencadenado dentro del propio gremio sin apreciar que, mientras más unidos se esté, más fuerza se tiene; sin darse cuenta de que aún es un sector vulnerable por su juventud y que, por ello, el compañerismo se hace más necesario que nunca, que el avance de unos puede repercutir positivamente en otros y ayudar a que este nuevo medio de comunicación se consolide. Pero no. El individualismo del que adolece nuestra sociedad se hace patente una vez más, nutriéndose de egos y vanidades que necesitan el aplauso constante para sentirse bienEsos egos y vanidades que se creen más especiales por “ser bloggers”.

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¡Hola! Soy María José, periodista que vive en Sevilla, community manager y mente inquieta loca por la moda que no para ni un segundo.


Low Chic es un blog de moda en el que encontraréis mis looks diarios, ideas útiles para combinar prendas de una forma sencilla, vídeos de belleza y maquillaje, tendencias adaptadas al día a día y reseñas de eventos y desfiles, además de #lowreflexiones. Un lugar en el que, como en mi mente, cabe todo lo relacionado con la moda, un mundo maravilloso... que se puede disfrutar sin dañar el bolsillo.


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